Medellín, Colombia. 3 de janero de 2022.

El canto codificado del Neandertal


Por Jony Alexander Vargas, escritor invitado

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¿Qué es eso que nos hace humanos? Muchos han intentado descifrar qué es eso que como especie nos diferencia del resto. Desde los científicos más acartonados hasta los más desquiciados poetas, no son pocas las definiciones a las que se han llegado. Quizá esta no sea una empresa muy sensata, lo cierto es que, algunos de ellos se han puesto de acuerdo en algo (quizá eso sí sea más sensato), y es que una parte fundamental de nuestra humanidad se encuentra contenida en la narración.

Desde las cavernas habitadas hace miles años donde el ser humano primitivo pintaba murales rupestres, los primeros intentos de una voz rítmica entonada por nuestro pariente más lejano, el Neandertal, pasando por la tradición oral transmitida al calor de la fogata, hasta llegar a la imprenta y al más reciente muro de Facebook, nosotros, los seres humanos, tenemos una tendencia, quizá una necesidad de contar aquello que atraviesa nuestras vidas. Aquello que nos hizo detenernos a pensar o simplemente un hecho cotidiano. Algo es cierto, y es que las personas sentimos esa necesidad de poner fuera de nosotros aquello que puebla nuestra mente.

Es por lo demás evidente que esta tendencia del ser humano no ha pasado desapercibida para aquellos que tienen un afán de unificar, de normalizar, de vigilar y uniformar este montón de personas que conviven en este planeta. Desde las tribus primitivas se ha buscado que estos cuentos tengan una historia más o menos coherente, resaltando y exaltando aquellas cosas que les unen, y borrando, o tratando de borrar de la memoria aquellas cosas que son consideradas divisorias o que no merecen ser recordadas por todos.

Así como las formas, técnicas y herramientas para contar nuestra historia se han refinado y se han hecho cada vez más diversas, así lo han hecho los métodos para vigilar y uniformar los relatos. La tradición oral borró la existencia de personas ajenas a la comunidad, la misma imprenta que en un principio nos permitió verter nuestras ideas en un papel se transformó en un instrumento de propaganda, y así podríamos continuar con un sinfín de ejemplos. Lo cierto es que, pese a ello, el ser humano sigue narrándose y narrando al otro de una manera más o menos abierta, más o menos libre, sin tanta vigilancia, cantando su canto de una forma espontánea.

Pero, de repente llegó al mundo una herramienta que prometía acercarnos a los demás, que vociferaba su utilidad para hacer del mundo un lugar más familiar, incluso, nos permitió tener una hoja en blanco, interactiva y multimedial donde plasmamos todo aquello que nos atravesaba como personas, ¿Lo mejor? Lo podíamos compartir con cualquier persona en el planeta, de manera casi instantánea, porque así como la narración es fundacional de nuestro ser, lo es la necesidad de compartir y sentirnos parte de algo más grande que nosotros. Súbitamente, contar historias pasó a ser la actividad a la cual más le dedicamos tiempo, y ¿Cómo no? Teníamos a la mano múltiples técnicas narrativas que nos hacían sentirnos como el Borges más premiado, y de repente lo éramos, porque somos dueños de nuestra propia narración, ¿O no?.

Al igual que en otras épocas de la historia, que, en otros momentos de desarrollo que ha tenido la humanidad, existe la necesidad de controlar esas narraciones. La necesidad de vigilar esa hoja en blanco que era el muro de Facebook, solo que hoy, las herramientas que se han desarrollado para tal fin son tan potentes y poco comprendidas que, esta narración, lejos de mostrar las infinitas posibilidades del ser, está uniformando aquello que creemos narrar sobre nosotros y los otros.

Probablemente en ese afán que teníamos de encontrar lo que nos hace diferentes como seres humanos terminamos encontrando la forma de hacer a todos los seres humanos iguales. Yo me pregunto, la tecnología en vez de vigilar y uniformar, ¿no tendría un mejor uso dándole voz a todas las narraciones?

Jony Alexander Vargas vive en Medellín actualmente y es psicólogo graduado de la Universidad de Antioquia, actualmente trabaja como mentor en COMFAMA.







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