Medellín, Colombia. 26 de noviembre de 2021.

Los Jóvenes y el Derecho a No Obedecer en el Espacio Digital


"Los pueblos en los que la juventud no piensa, por miedo al error y a la duda, están destinados a ser colonias" - Fernando González


Por Santiago Uribe Sáenz

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Por apatía, descontento o rebeldía pareciera que los jóvenes no están interesados ni comprometidos con los ejercicios democráticos y el ejercicio de los derechos y deberes ciudadanos.

En Colombia, donde la abstención a la hora de votar supera el 50%, hay unos 12 millones de jóvenes entre los 18 y 28 años habilitados para votar. Es una fuerza electoral no menor. Si todos los jóvenes habilitados para votar lo hicieran, pondrían presidente, o al menos lograrían enviar un importante mensaje de cambio. Sin embargo, según una encuesta realizada en 2018 (durante las últimas elecciones presidenciales) por el Barómetro de las Américas, se encontró que 60% de los jóvenes no confían en las instituciones democráticas, 70%  de los  jóvenes encuestados piensan que a los gobernantes no les interesa lo que piensan ellos; lo que demuestra que la comunicación entre los gobernantes/representantes y jóvenes está fracturada. Menos del 10% confía en los partidos políticos. Algo no está funcionando y no me parece justo limitar este desinterés en la política con apatía. El sistema ha fallado, los jóvenes reclaman a gritos cambios que caen en oídos sordos.

Año tras año los jóvenes ven cómo se reducen sus aspiraciones de acceder a educación de calidad, a buenos empleos y a superar las violencias que aún oprimen a sus comunidades, sus barrios y ciudades. Los jóvenes son sin duda un motor de cambio, capaces de estremecer los cimientos del poder; desde las revoluciones de la primavera arabe en 2015 hasta las demostraciones sociales del Paro Nacional del 2019-2020 en Colombia, la protesta social y los gritos de cambio fueron impulsados por jóvenes.

Sumemos a este panorama una capa de complejidad y es que los jóvenes de hoy crecieron en la era del internet y las redes sociales, por lo que su manera de ver el mundo es fundamentalmente diferente a la de sus padres. Sus habilidades para hacer uso de estas tecnologías y medios de comunicación les dan una capacidad de movilización y organización que cualquier líder político envidiaria. Las movilizaciones y protestas se organizan por redes sociales pero los aparatos de inteligencia y vigilancia del Estado han infiltrado o vigilan estas redes. Si bien persiguen un interés legítimo de mantener la seguridad, también han a veces abusado de este poder de vigilancia, transformando el internet y las redes en otro espacio de tensión y resistencia. Estar informados, ejercer el cuidado, fortalecer la privacidad son también herramientas necesarias para navegar el espacio digital y las redes que nos conectan y de las cuales nos beneficiamos, siendo necesario saber que detrás, nuestros datos e información son recursos deseados. Además, la pandemia del Covid-19 puso al descubierto las brechas y la desigualdad que existen en la cobertura y acceso a las tecnologías, a los computadores, a una buena conexión a internet, afectando a jóvenes e interrumpiendo sus estudios.

En Colombia se ha abierto un espacio importante de participación para los jóvenes de todo el país. El próximo 28 de noviembre, los jóvenes entre los 14 y los 28 años elegirán, por primera vez en la historia de Colombia, a los miembros de los Consejos Municipales de Juventud (CMJ). En esencia se trata de mecanismos de participación, concertación, vigilancia y control de la gestión pública e interlocución de los jóvenes ante la institucionalidad. Desde Edgelands queremos apoyar y resaltar los espacios y mecanismos que empoderen a los jóvenes, que les permitan ocupar espacios donde su voz sea escuchada, su opinión tenida en cuenta y se facilite el ejercicio de su ciudadanía. Es por eso, que el pasado 20 de noviembre estuvimos acompañando a la organización

El Derecho a No Obedecer a un Encuentro de reconocimiento entre candidatos a los CMJ de Medellín. La conversación entre expertos, candidatos y jóvenes interesados giró en torno a la privacidad, la utilidad de la información, a la política y las campanas en las redes sociales y al rol de los jóvenes en el futuro de estas fuerzas transformadoras. Esas ideas las consignamos en un mural co-creado con deúniti como un ejercicio de diálogo y visualización de estos temas y conversaciones. La idea, como muchas veces lo es el arte urbano, es hacer que los artefactos cuenten una historia, inspiren el diálogo y la interpretación y envíen un mensaje de resistencia que además sea visible en el espacio urbano.   En una ciudad y un país donde los jóvenes se ven desproporcionadamente afectados por la violencia, el desempleo, el acceso a la educación y no confían en las instituciones ni el poder, es claro que el Contrato Social que nos vincula como ciudadanos bajo una identidad nacional y cultural tiene importantes fallas. Escuchar la voz de los jóvenes en cuanto a lo que no está funcionando es clave para fortalecer ese tejido social y crear el espacio seguro donde sus voces puedan incidir en el cambio y en el nuevo Contrato Social que tanto necesitamos.












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